Se estima que las personas con síndrome metabólico tienen un 20% más de riesgo de sufrir un episodio coronario en los diez años siguientes a su aparición frente a las que no lo tienen. Por eso, averiguar quién lo padece es fundamental para adoptar las precauciones precisas ante esta enfermedad y evitar la muerte cardiovascular (infarto cardiaco o cerebral o una angina de pecho).
El síndrome metabólico no es una sola enfermedad, sino la asociación de varias anomalías metabólicas. Se trata del punto final de dos situaciones: la obesidad central (localizada en el abdomen) y la resistencia a la insulina, una reacción propiciada por el sobrepeso y el sedentarismo y que precede a la diabetes. Pero también incluye alteraciones del metabolismo
de la glucosa (azúcar), en concreto, hiperglicemia leve en ayunas (110-126 mg/dl); alteraciones del perfil lipídico, es decir, aumento de triglicéridos (150-250 mg/dl), descenso del colesterol HDL (conocido como colesterol ‘bueno’) e hipertensión arterial leve.
El síndrome metabólico se extiende en las sociedades modernas de forma imparable. La OMS ha calificado la obesidad como la epidemia mundial del siglo XXI y el problema de salud pública número uno. Son estados patológicos propiciados por la vida urbana y los cambios en los estilos de vida y de alimentación, como el abandono de una dieta tradicional rica en vegetales, cereales y frutas hacia una dieta occidental de preparación rápida, con alto contenido graso y calórico y pobre en fibra
Tampoco ayuda la disminución de la actividad física causada por la mecanización de las actividades diarias y por los cambios en las aficiones recreativas de adultos y, en especial, de niños. Este binomio de dieta inadecuada y sedentarismo ha derivado en un aumento de la población afectada por el sobrepeso y la obesidad. Se ha pasado de este sobrepeso a las alteraciones metabólicas que acompañan a la obesidad.
La gran pista para determinar si una persona padece o no síndrome metabólico la proporciona la obesidad central, que se mide por la circunferencia de la cintura. El tejido graso que se acumula alrededor del abdomen es más peligroso desde una perspectiva cardiovascular. Esta obesidad central, o en forma de manzana, afecta más a los hombres. Por el contrario, la obesidad en forma de pera, donde la grasa se sitúa sobre todo en nalgas y muslos, es más habitual en mujeres y no entraña tanto riesgo cardiovascular. Por esta razón, una consigna lanzada por varias sociedades científicas, aunque aún no muy extendida, es que los médicos midan el perímetro de la cintura de sus pacientes. En los hombres, no puede exceder los 102 cm y, en mujeres, los 88 cm, aunque estas cifras varían ligeramente dependiendo de cuál sea el organsimo internacional que realiza las recomendaciones. Las personas que sobrepasan estas medidas tienen grasa visceral (alrededor de las vísceras) y riesgo cardiovascular. La circunferencia de la cintura también se utiliza en niños pero adaptada a edad, sexo y estadio de maduración sexual.
El tratamiento del síndrome metabólico consiste en abordar cada uno de los factores que han provocado su aparición para intentar revertirlo. El primer objetivo del tratamiento es la obesidad, que se define como un índice de masa corporal (o IMC) superior a 30. Después del tabaco, la obesidad es el segundo factor de riesgo de muerte cardiovascular modificable.
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