miércoles, 1 de diciembre de 2010

El Síndrome Metabólico

Se estima que las personas con síndrome metabólico tienen un 20% más de riesgo de sufrir un episodio coronario en los diez años siguientes a su aparición frente a las que no lo tienen. Por eso, averiguar quién lo padece es fundamental para adoptar las precauciones precisas ante esta enfermedad y evitar la muerte cardiovascular (infarto cardiaco o cerebral o una angina de pecho).

El síndrome metabólico no es una sola enfermedad, sino la asociación de varias anomalías metabólicas. Se trata del punto final de dos situaciones: la obesidad central (localizada en el abdomen) y la resistencia a la insulina, una reacción propiciada por el sobrepeso y el sedentarismo y que precede a la diabetes. Pero también incluye alteraciones del metabolismo

de la glucosa (azúcar), en concreto, hiperglicemia leve en ayunas (110-126 mg/dl); alteraciones del perfil lipídico, es decir, aumento de triglicéridos (150-250 mg/dl), descenso del colesterol HDL (conocido como colesterol ‘bueno’) e hipertensión arterial leve.

El síndrome metabólico se extiende en las sociedades modernas de forma imparable. La OMS ha calificado la obesidad como la epidemia mundial del siglo XXI y el problema de salud pública número uno. Son estados patológicos propiciados por la vida urbana y los cambios en los estilos de vida y de alimentación, como el abandono de una dieta tradicional rica en vegetales, cereales y frutas hacia una dieta occidental de preparación rápida, con alto contenido graso y calórico y pobre en fibra

Tampoco ayuda la disminución de la actividad física causada por la mecanización de las actividades diarias y por los cambios en las aficiones recreativas de adultos y, en especial, de niños. Este binomio de dieta inadecuada y sedentarismo ha derivado en un aumento de la población afectada por el sobrepeso y la obesidad. Se ha pasado de este sobrepeso a las alteraciones metabólicas que acompañan a la obesidad.

La gran pista para determinar si una persona padece o no síndrome metabólico la proporciona la obesidad central, que se mide por la circunferencia de la cintura. El tejido graso que se acumula alrededor del abdomen es más peligroso desde una perspectiva cardiovascular. Esta obesidad central, o en forma de manzana, afecta más a los hombres. Por el contrario, la obesidad en forma de pera, donde la grasa se sitúa sobre todo en nalgas y muslos, es más habitual en mujeres y no entraña tanto riesgo cardiovascular. Por esta razón, una consigna lanzada por varias sociedades científicas, aunque aún no muy extendida, es que los médicos midan el perímetro de la cintura de sus pacientes. En los hombres, no puede exceder los 102 cm y, en mujeres, los 88 cm, aunque estas cifras varían ligeramente dependiendo de cuál sea el organsimo internacional que realiza las recomendaciones. Las personas que sobrepasan estas medidas tienen grasa visceral (alrededor de las vísceras) y riesgo cardiovascular. La circunferencia de la cintura también se utiliza en niños pero adaptada a edad, sexo y estadio de maduración sexual.

El tratamiento del síndrome metabólico consiste en abordar cada uno de los factores que han provocado su aparición para intentar revertirlo. El primer objetivo del tratamiento es la obesidad, que se define como un índice de masa corporal (o IMC) superior a 30. Después del tabaco, la obesidad es el segundo factor de riesgo de muerte cardiovascular modificable.

Adaptado de Consumer

viernes, 22 de octubre de 2010

El misterio de los obesos sin problemas metabólicos

Un 20% de las personas extremadamente gordas no presenta intolerancia a la insulina.- Los investigadores estudian el porqué para aplicarlo a los demás

Se dice que una persona tiene obesidad mórbida cuando su índice de masa corporal (el peso dividido entre la altura al cuadrado) está por encima de 40. Este grado de gordura se asocia a múltiples problemas, como la hipertensión, pero, sobre todo, a la diabetes tipo II. Por eso se dice que tienen resistencia a la insulina, ya que es como si sus azúcares fueran inmunes al efecto de esta hormona y no se metabolizaran. El resultado son múltiples complicaciones, desde problemas de visión a amputaciones.

El objetivo se centra ahora en descubrir qué genes tienen activos los obesos mórbidos sanos que los protegen contra las patologías para buscar los llamados blancos o dianas terapéuticas. "Tenemos previsto analizar alrededor de 40.000 genes, para poder extraer entre 80 y 90 dianas a fin de probarlas en modelos experimentales con animales", afirma Francisco José Tinahones, del grupo de Investigación y Desarrollo en Obesidad Humana del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga, que lidera el trabajo.

En la actualidad se estima que el 20% de los ciudadanos sufre algún tipo de obesidad, y que, de ellos, el 1% tiene obesidad mórbida.


Procedencia: Francisca Barrera Vázquez. http://www.saludinnova.com

lunes, 11 de octubre de 2010

También los niños pueden sufrir Síndrome Metabólico

La consecuencias en la salud de los niños no son tan evidentes como en los adultos, pero la obesidad infantil se ha asociado con factores de riesgo para la enfermedad cardiovascular y la diabetes, problemas ortopédicos y desórdenes mentales. Un alto Índice de Masa Corporal (IMC) en la adolescencia puede predecir una elevada mortalidad en la edad adulta, así como elevadas tasas de enfermedades cardiovasculares, incluso si se pierde el exceso de peso. Muchas patologías relacionadas con la obesidad, que se pensaba que eran solo aplicables a los adultos, se pueden apreciar ahora en los niños, tales como el “síndrome metabólico”. De hecho, más del 60% de los niños con sobrepeso tienen algún otro factor de riesgo cardiovascular adicional, como hipertensión, hiperlipidemia o hiperinsulinemia, y más del 20% tienen dos o más.

El término “síndrome metabólico” se emplea para describir la conjunción de obesidad abdominal con hipertensión, dislipemia y resistencia a la insulina, que generalmente concurre con disfunción endotelial, uno de los primeros eventos que tienen lugar en el desarrollo de la aterosclerosis. La obesidad es considerada, de hecho, un proceso inflamatorio crónico de grado bajo, puesto que se caracteriza por un incremento en algunos marcadores de inflamación producidos por adipocitos, como la proteína C reactiva, el factor de necrosis tumoral-alfa, la interleukina-6 e incluso la infiltración de macrófagos en el tejido adiposo. En la obesidad se observa un incremento de las especies reactivas de oxígeno, que incrementan la activación de rutas proinflamatorias. La hipertrigliceridemia atribuible al incremento de lipoproteínas ricas en triglicéridos (TRL) es la alteración metabólica más invariable en la obesidad.

Obesidad y Metabolismo de Lipoproteínas

La presencia de obesidad visceral y de resistencia a la insulina provocan el incremento de lipoproteínas ricas en triglicéridos (TRL) circulantes, que se evidencia por un incremento en la concentración plasmática de triglicéridos, apolipoproteínas (apo) B-100 y B-48, apo C-III y una reducción en colesterol-HDL.

En sujetos obesos, este incremento en los triglicéridos plasmáticos se debe fundamentalmente a una alteración del aclaramiento de TRL y al aumento en la secreción de VLDL. La obesidad visceral se relaciona con un incremento en la liberación de VLDL y la inactivación de la lipoproteína lipasa (LPL), la enzima encargada de hidrolizar las TRL. Estos efectos se relacionan con la resistencia a la insulina, puesto que esta hormona controla el metabolismo de las VLDL y los quilomicrones (CM). En situación de resistencia a la insulina no se puede suprimir la producción hepática de apo B, que sí ocurre en el estado normal. Además, la resistencia a la insulina reprime la expresión del receptor LDL, que interviene en la captación de CM por el hígado e incrementa la concentración de apo CIII, que inhibe la LPL. Por esta razón, los sujetos obesos tienen una respuesta triglicerídica postprandial más elevada, medida tanto como triglicéridos plasmáticos como apo B48 y apo B100 y muestran una tasa de aclaramiento de CM más lenta. 

La acumulación plasmática de CM remanentes (CMr) supone un mayor riesgo de desarrollo de aterosclerosis, porque existe una mayor probabilidad de interaccionar con macrófagos y formar células espumosas. La formación de estas células forma parte del proceso inflamatorio que tiene lugar durante el la formación de la placa de ateroma e incrementa el estado proinflamatorio. En esta situación, los macrófagos liberan diversas sustancias proinflamatorias, como moléculas de adhesión, citokinas y eicosanoides, algunos de ellos también liberados por adipocitos.

Actuaciones Públicas. La Estrategia NAOS

En el año 2005 se puso en marcha la Estrategia NAOS (Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad) desde el Ministerio de Sanidad y Consumo, a través de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), con el objetivo de sensibilizar a la población del problema que la obesidad representa para la salud, y de impulsar todas las iniciativas que contribuyan a lograr que los ciudadanos, y especialmente los niños y los jóvenes, adopten hábitos de vida saludables, principalmente a través de una alimentación saludable y de la práctica regular de actividad física.

La Estrategia NAOS pretende servir como plataforma de todas las acciones que ayuden a la consecución de dicho objetivo, integrando los esfuerzos y la participación más amplia posible de todos los componentes de la sociedad, Administraciones Públicas, expertos en el tema, empresas del sector privado, consumidores, y toda la población. De este modo, los ámbitos y los campos de actuación e influencia de la Estrategia NAOS son múltiples: la familia, el entorno escolar, el mundo empresarial y el sistema sanitario.

La Estrategia NAOS ha puesto a España en un lugar destacado entre los países a los que se atribuye un mayor dinamismo al enfrentarse al reto de contrarrestar la epidemia de la obesidad, y así lo reconoció la oficina regional europea de la Organización Mundial de la Salud, que en su Conferencia Ministerial celebrada en Estambul en noviembre de 2006, otorgó a la Estrategia NAOS uno de sus premios, por la forma en que aborda la colaboración entre las administraciones públicas y los agentes sociales privados. La Unión Europea también ha hecho el honor reiteradamente de invitar al Ministerio y a la Agencia Española de Seguridad Alimentaría y Nutrición como ponente a sus distintos foros para explicar las experiencias en el desarrollo de la Estrategia.



Extraído de http://www.naos.aesan.msps.es/naos/estrategia/que_es/ 
Estrategia NAOS
Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN)

¿Cuánto nos cuesta la obesidad?

Además de los problemas de salud en las personas obesas, el exceso de peso impone una carga económica a la sociedad a través de costes médicos para el tratamiento de las enfermedades asociadas, la reducción de productividad debido al absentismo y la muerte prematura, además de problemas psicológicos y detrimento en la calidad de vida.

La OMS calcula que solamente en costes directos, la obesidad supone una carga del 2-4% del presupuesto nacional de salud. Sin embargo, estimaciones del Ministerio de Sanidad indican que los costes en España atribuibles a la obesidad, incluyendo costes indirectos, pueden llegar al 7% del presupuesto en salud, unos 2500 millones de euros anuales. El último informe de la International Obesity Task Force indica que, en la próxima década, la cifra de 8% de la partida presupuestaria destinada al tratamiento de la obesidad puede ser insuficiente. Por el momento no existen datos sobre el impacto económico de la obesidad infantil, que será valorado en la próxima generación.

Los niños están en riesgo. Unos datos.

El exceso de peso corporal ha llevado a la Organización Mundial de la Salud a calificarlo como epidemia global. La obesidad tiene un gran impacto sobre eldesarrollo de enfermedades cardiovasculares, así como otras relacionadas y es especialmente preocupante en la población infantil. Según la “International Obesity Task Force” (IOTF), la prevalencia en Europa de sobrepeso en niños de 7 a 11 años oscila del 10-35% y en adolescentes del 9-23%. Aunque no hay cifras concretas, se considera que en el año 2010, habrá 150 millones de adultos y 15 millones de niños obesos en la región europea, con la tasa infantil más elevada (40%) en los países del Mediterráneo.

La prevalencia de sobrepeso y obesidad infantil en España se sitúa entre las más elevadas del continente europeo. El estudio Enkid, llevado a cabo entre 1998-2000, reveló que la prevalencia de obesidad infantil era del 6,3% y la de sobrepeso del 18,1%. Más recientemente, la Encuesta Nacional de Salud de 2006, ha mostrado una percepción de obesidad infantil del 8,9% y de sobrepeso de 18,7%. La consecuencias en la salud de los niños no son tan evidentes como en los adultos, pero la obesidad infantil se ha asociado con patologías que se pensaba que eran solo aplicables a los adultos, tales como el síndrome metabólico. De hecho, más del 60% de los niños con sobrepeso tienen algún otro factor de riesgo cardiovascular adicional, como hipertensión, hiperlipidemia o hiperinsulinemia, y más del 20% tienen dos o más. Por esta razón, se ha sugerido que la aterosclerosis se inicia desde la niñez.